Cualquiera sea la condición del
lector de este libro, las figuras de
Cristo y Ernesto “Che” Guevara no le deben ser indiferentes. Sea católico
practicante, ateo, judío o musulmán, budista o taoísta, cualquiera sea su
credo o filosofía de vida, haya sufrido tortura o cambio de identidad, haya
vivido sin sobresaltos o adherido a una utopía o creído en el neoliberalismo
de los ochenta, seguramente su vida se ha visto afectada por la presencia u
omisión de estos dos protagonistas de la Historia. Los
anarquistas, los agnósticos, los nihilistas, los amos de las religiones, los
que se burlan de todo y los burlados, los serviles y los gobernantes,
democráticos o no, corruptos o no, tampoco se han podido sustraer al
conocimiento de esas dos vidas.
Del primero me atrapó la contradicción entre su prédica y el futuro de su
enseñanza. No es un libro teológico o dogmático; sólo me ha interesado la
prédica de ambos que intentó un mundo mejor, imaginando el reino de la
justicia y la igualdad. Al mismo tiempo, tan opuestos, pues Jesús predicó
desde la paz y Ernesto, desde la lucha; pero ambos con un final trágico,
imbuidos de la razón absoluta, convencidos de poseer
la verdad.
El primero es el aparente creador de un culto universal. Pero, ¿triunfaron
sus ideas?, ¿cuáles eran sus dogmas?, ¿se aplican sus preceptos? El segundo,
también famoso, es protagonista de un marketing que siempre despreció.
Al ver el retrato de un Cristo agonizante crucificado y el cuadro de Ernesto
Guevara Lynch en una fría mesa de morgue con varios impactos de bala,
algunos en su rodilla y otros en su tórax, me pregunté por qué fracasaron en
obtener un mundo más justo. Uno en nombre de Dios y el
otro en nombre del proletariado, ambos creyeron tener la razón absoluta, no
dudaron nunca. ¿Ellos lucharon en vano? Hoy el Vaticano no ha abandonado la suntuosidad en su ceremonial, hoy
quieren beatifi car al hombre que llevado por un nacionalismo extremo
destruyó el equilibrio bipolar, hoy se venera a quien se postró ante el
poder imperial olvidando que Cristo enfrentó a los poderosos de su tiempo.
¿Cuántos cardenales recuerdan las palabras de Jesús?: Lc. 12.-22-31:
“No se inquieten por su vida pensando qué van a comer, ni por su cuerpo
pensando con qué se van a vestir. ¿No vale acaso más la vida que la comida y
el cuerpo más que el vestido? Miren los pájaros del cielo; ellos no siembran
ni cosechan, ni acumulan en graneros, y sin embargo el Padre que está en el
cielo los alimenta. ¿No valen ustedes acaso más que ellos? ¿Quién de ustedes
por mucho que se inquiete puede añadir un solo instante al tiempo de su
vida? ¿Y por qué se inquietan por el vestido?
Miren los lirios del campo, cómo van creciendo sin fatigarse, ni tejer. Yo
les aseguro que ni Salomón en el esplendor de su gloria se vistió como uno
de ellos. Si Dios viste así la hierba de los campos que hoy existe y mañana
será arrojada al fuego, cuánto más hará por ustedes, hombres de poca fe. No
se inquieten diciendo, ¿qué comeremos, qué beberemos o con qué nos
vestiremos? No se inquieten por el día de mañana, el mañana
se inquietará por sí mismo”.
¿Dónde está la América unida bajo la bandera del socialismo, libertaria y,
sobre todo, fraterna que soñaba Ernesto? ¿Qué fue lo que pasó?
¿Por qué asistimos al derrumbe de todos los símbolos del comunismo, se
equivocaron tanto los comunistas y todos los que ofrendaron durante tantos
años sus vidas o simplemente olvidaron sus enseñanzas y sólo se acabó
transitoriamente su sueño? ¿Sobrevivirán sus ideales y sólo es un fracaso
momentáneo o algún pueblo levantará sus banderas? Mientras tanto sospecho
que ambas prédicas, la de Jesús y Ernesto, no
están siendo aplicadas y, en cierta manera, ellos han fracasado.
He debido recorrer y leer muchos documentos, libros, escuchar opiniones,
volver a las fuentes y perderme buscando información que se oculta. Espero
que me acompañen a ver qué pasó; ése es el motivo del libro.